Radiografía de un Presidente


La primera vez que Jair Bolsonaro pisó el Parlamento brasileño fue en 1991, desde entonces ha tenido 7 veces el cargo de diputado federal como parte del partido progresista. Fue su paso por este poder del Estado lo que hizo conocida su postura pro militar y anti izquierdista que ha dominado su discurso político.

En su oficina cuelgan los retratos de los cinco generales que gobernaron Brasil con mano dura durante la dictadura militar (1964 - 1985) y no ha dudado en elogiar las crueles prácticas para el control social de esos años, así como a los verdugos de muchos de sus adversarios políticos. Durante el impeachment a Dilma Rouseef, por ejemplo, elogió al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra (Dr. Tibiricá), responsable de uno de los centros de tortura del régimen militar,  nombrándolo como el "terror de Dilma" (fue éste quien torturó a la ex Presidenta) luego de votar por la destitución de Rousseff.


Pero ¿por qué Bolsonaro puede tener estas licencias que en otros países serían condenadas con el destierro político? De hecho a diferencia de lo ocurrido en los países circundantes tras el fin de las dictaduras militares, en Brasil no hubo juicios a los violadores de los Derechos Humanos ya que todos los implicados fueron favorecidos por una ley de amnistía en 1979. Dilma Rousseff fue el primer jefe de Estado brasileño en impulsar una Comisión de la Verdad sobre aquellos oscuros años, esta comisión presentó como resultado unas cifras escalofriantes: 434 personas fueron asesinadas durante el régimen militar, los 377 responsables de esos abusos nunca fueron llevados a la justicia.

La dictadura militar para la mayoría de los brasileños se ve tan lejana y ha tenido tan poca trascendencia legal que ya no significa el cuco que la izquierda quiere imponer en su discurso, por el contrario, según una encuesta de Datafolha, el 32% de los electores brasileños cree que la dictadura militar tuvo mas de positivo que de negativo. Esta vez los militares regresan al poder de la mano de la democracia. Bolsonaro y Mourao, su vicepresidente, son la dupla de casta militar que ha prometido el orden y el progreso a un país inseguro, en crisis y decepcionado por la izquierda.

Jair, el dardo paulista.



Jair Messias Bolsonaro nació en Sao Paulo, la mayor urbe de Brasil y de Sudámerica. Su árbol genealógico se remonta a la Italia norteña, sí, ahí donde nació y se afianzó la ultraderechista Liga del Norte italiana y donde actualmente gobierna. Los "Bolzonaro" italianos no son muy numerosos en la región del Veneto, que es de donde proceden, por ello cuando emigraron a Sao Paulo en 1888 no tuvieron reparos en modificar su apellido (que viene de Bolzón, en italiano dardo o flecha) y suplantar la "z" por la "s".

Hasta el día de hoy los Bolsonaro mantienen sus raíces paulistas y no han emigrado a la capital ni cuando decidieron entrar en la representación nacional, el actual Presidente lo ha dejado muy en claro con su famosa frase "Mas Brasil, menos Brasilia". Eso ejemplifica el porqué en este Estado brasileño está la mayor concentración de sus seguidores.

La rama materna de Bolsonaro también emigró procedentes de la península itálica. Los Bonturi, la familia de su madre Olinda, radicaba en La Toscana, en el centro - norte italiano. La familia de Bolsonaro es un retrato de esos 1,2 millones de inmigrantes italianos que llegaron al Brasil en busca de un mejor destino a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX.

En Sao Paulo, Jair Bolsonaro creció en el pueblo de Eldorado, una ciudad turística que antiguamente se llamaba Xiririca y que cuenta con 15 mil habitantes de diversas razas. En esa ciudad ejercía como dentista Don Percy Geraldo Bolsonaro, aunque sin título médico que lo avale. Percy Bolsonaro y Olinda Bonturi tuvieron 2 hijos, Renato y Jair Bolsonaro, ambos futuros políticos.

Jair y Renato solían ser muy poco proclives a dejar su tierra, de hecho Renato ha hecho política solo en su Estado, mientras que Jair recién salió de su ciudad cuando ingresó a la escuela de cadetes de Resende en Rio de Jainero, en plena dictadura militar.

Su carrera en la milicia tuvo altibajos, en 1986 escribió un crudo artículo sobre los sueldos paupérrimos de los militares, lo que según él era el motivo de la deserción de muchos de ellos. Por ello, Bolsonaro fue detenido y afrontó un proceso disciplinario militar. Sin embargo, esto lo hizo más famoso e inició su carrera política, recibió mensajes de solidaridad de todo el país y el apoyo de varios militares. Dos años después, con la fama militar encima, logró ser elegido consejal del Municipio de Rio de Janeiro.

Fue en Rio de Janeiro que conoció a Rogeria Nantes Braga, su primera esposa y madre de Flavio, Carlos y Eduardo, sus tres hijos mayores. Luego de un divorcio amistoso (Rogeria lo apoya abiertamente en sus redes sociales), contrajo matrimonio con Ana Cristina Siqueira Valle, con quien tuvo al menor de sus hijos varones, Renán, y con quien mantenía una abierta disputa mediática sobre bienes (ella lo acusaba de haberse apropiado de 30 mil dólares) y la custodia del menor. Las peleas de la ex pareja quedaron atrás cuando el candidato empezó a subir en las encuestas. desde entonces Ana Cristina dejó atrás las denuncias de maltrato y retornó de su viaje a Noruega a donde había partido con el menor de sus hijos, supuestamente huyendo de amenazas. Ahora Ana Cristina, aun sigue usando el apellido Bolsonaro pues ingresó a la campaña electoral como candidata a diputada federal. El poder pudo más que la indignación.



Pero sin duda la historia de amor más política de Jair Bolsonaro es la que aun vive con Michelle De Paula Firmo Reinaldo, una esbelta rubia a quien Bolsonaro conoció en los pasillos del Parlamento federal cuando estaba en su quinto periodo como diputado. Michelle no ha estado en la palestra electoral, suele ser muy desconfiada de los medios y a la vez una mujer muy carismática. En sus pocas declaraciones ha dicho que Bolsonaro es un poeta, un romántico y un hombre sensible, haciendo contracampaña a aquellos que lo equiparan con un neandertal. Con ella Bolsonaro tuvo a su única hija mujer, Laura, con quien viven en su lujosa residencia de Barra da Tijuca, la zona más exclusiva de Rio de Janeiro. La relación entre Michelle y Jair pasa por buen momento, su hija  pequeña (7 años) aun no entiende porque su padre se refrió a ella como accidente "Tengo cinco hijos. Cuatro fueron hombres, en la quinta tuve un momento de fragilidad y me vino mujer", dijo el entonces candidato.

Y hablando de sus hijos varones, todos sus hijos con Rogeria han hecho carrera en la política. Eduardo Bolsonaro, el menor de los tres, ha sido reelegido diputado federal por Sao Paulo con la mayor votación para un diputado federal en la historia de Brasil. Flavio Bolsonaro, el mayor, se quedó en Rio de Janeiro y es diputado en ese Estado, en el cual también, Carlos, el segundo de los Bolsonaro, ejerce como Consejal municipal.

En Río de Janeiro, los Bolsonaro cuentan con un aliado estratégico, el ex infante de Marina, Wilson Witzel, quien además de ser amigo de la familia será el nuevo Gobernador del Estado y desde ya ha prometido militarizar las favelas para acabar con la delincuencia y el narcotráfico.

La carrera al Palacio de Planalto



Era el 2006 y Jair Bolsonaro se encontraba lejos de hacerle sombra al poderoso Partido de los Trabajadores de Lula Da Silva. En aquella época conoció a un senador evangélico, Magno Malta, con quien se alineó luego de la aprobación de la ley anti homofobia, con la que se pretendía eliminar la discriminación por orientación sexual. Malta y Bolsonaro acordaron luchar contra la norma y para ello empezaron un proyecto político conservador. Años después, el hoy Presidente, retomaría para su campaña, la frase con la que inició su combativa: "Brasil por encima de todo. Dios por encima de todos".

Luego de pasar por 6 partidos políticos de derecha, Jair Bolsonaro empezó a tomar en serio tentar a la Presidencia cuando el Partido de los Trabajadores (PT), que dominaba Brasil por casi dos décadas, se desplomaba ante los ojos de miles de brasileños por los escándalos de corrupción con las empresas constructoras del país, un escándalo que puso en jaque no sólo al gobierno carioca sino a toda la región. Un escándalo mediático de ribetes imperiales que llegó a Netflix y que supuso la cárcel de decenas de funcionarios del gobierno de Dilma Rouseff  y cuyas telarañas se empezaron a tejer desde la presidencia de Lula Da Silva. Un edificio regalado al líder del Partido de los Trabajadores lo llevaría a la cárcel y con él se fueron las esperanzas de un nuevo mandato del PT.

Toda esa animadversión por casos tan mediatizados gestó un descontento que necesitaba ser capitalizado. Jair Bolsonaro se erigía como la opción visceralmente opuesta a la clase política que regentaba el país desde inicios del siglo XXI. No solo ello, Bolsonaro significaba también un regreso a los valores conservadores en el país con la mayor población católica del mundo. Para dejar en claro que no distinguía entre sus adeptos, se llegó a bautizar por un pastor durante un viaje a Israel y comenzó una transición secreta del catolicismo al evangelismo, religión que profesa aun 20% de la sociedad brasileña.


Para ingresar a la arena política presidencial, necesitaba de un partido y que mejor que un partido fundado por un empresario. En enero de 2018, el ex capitán ingresó al Partido Social Liberal transformándolo por completo. Este, que era un partido de ideología liberal pasó a ser uno conservador e incluso a cambiar sus colores por los colores de la bandera brasileña. Un cisma dentro del partido afianzó a Bolsonaro que se adueñó de su dirección.

Las redes sociales fueron el escenario perfecto para el desarrollo de la maquinaria propagandista. No tenían los grandes medios pero llegaba más rápido a más personas con un simple posteo en facebook (donde tiene 7 millones de seguidores), un video en instagram o un tweet. La ultraderecha ganó terreno apoyándolo, le siguieron los religiosos, sobretodo los evangélicos, y por último las mujeres y las minorias, si, por que a Bolsonaro también le votaron los Lgtb y las mujeres, aunque parezca difícil de creer. Y es que estas poblaciones también sufren el colapso económico y sobretodo la inseguridad cotidiana. "Como va a ser enemigo de las mujeres, alguien que defiende la castración química para violadores", decía una de las votantes del ultraderechista.

Bolsonaro se estancó en propuestas populistas que generaron cada vez más adeptos cansados del caos en Brasil. Propuso la pena de muerte, la reducción de la edad para ser juzgado penalmente, la portabilidad de armas en los ciudadanos, un sistema de control de la natalidad efectivo para las zonas pobres ("mientras más pobres, mas gobiernos populistas de izquierda", advertía) y el severo castigo a la delincuencia ("El policía que no mata no es policía").

No sólo el descontento y el renacimiento conservador jugó a favor de su candidatura, también lo hizo la designación de Lula Da Silva. Desde la cárcel, el histórico líder del PT nombró a Fernando Haddad como el candidato oficial de su partido.


Fernando Haddad también es paulista, tiene 55 años y es, como Bolsonaro, descendiente de inmigrantes. Los Haddad llegaron desde el Libano y son católicos. El candidato del PT se había desempeñado como Ministro de Educación del gobierno de Lula y en el 2013 fue Alcalde de Sao Paulo. Para generar mas adeptos, Haddad nombró como candidata a la vicepresidencia a una política feminista Manuela D´Avila, sin embargo esta formula no logró despertar el interés electoral y tuvo que apoyarse en el anti bolsonarismo. El lema de D´Avila "Vote como una garota", lejos de unir al electorado lo enquistó en un campo difícil de salir y las declaraciones de Haddad encumbraban cada vez más al candidato opositor. "Es el tipo más rastrero que he conocido a lo largo de mi vida pública", dijo sobre Bolsonaro en una ocasión, y no tuvo mayor efecto que las burlas en Twitter, pues para rastreros el PT tenía a varios candidatos.

A Bolsonaro le ayudaron muchas fake news en las redes sociales. El famoso kit gay, que condenaba el líder del Partido Social Liberal, era un proyecto que nunca se llegó a realizar y que realmente se llamaba "Escuelas sin homofobia" promovido por Haddad cuando era Ministro de Educación. Los seguidores de Bolsonaro hicieron ver este proyecto como ejecutable en la actualidad y un intento por llevar la ideología de género a las aulas.

Mientras Fernando Haddad, fiel a la política implantada por su partido, anunciaba que crearía 3 nuevos ministerios sumando 32, Bolsonaro prometía reducir a la mitad los 29 Ministerios existentes en el ejecutivo. En un país en crisis económica y dañado por la corrupción estatal, promover más gasto público y más burocracia le restó adeptos a los socialistas del PT.

Y luego vino el Bolsonaro popular. Mientras a Haddad lo apoyaban los intelectuales de izquierda de todo el mundo, algunos de ellos bastante cuestionados por sus apoyos selectivos y su silencio durante las denuncias de corrupción del PT, al ex militar lo apoyaban las estrellas de fútbol en un país mundialista donde este deporte se confunde fácilmente con la política (anteriormente los futbolistas Romario y Bebeto lograron escaños en el parlamento de Río de Janeiro). Felipe Melo, Ronaldinho, Cafú y Rivaldo apoyaron decididamente a Bolsonaro y se plegaron a la ola ultraderechista.

Y en política internacional Bolsonaro ganaba adeptos entre la derecha europea siendo el Vicepresiente italiano, Mateo Salvini, su más emocionado defensor, aunque el histórico Frente Nacional francés marcó distancia prudencial. "Él dice cosas desagradables que no pueden trasladarse a nuestro país", advertía Marine Le Pen, escandalizada por sus improperios contra las mujeres y los gays. Haddad, en la otra esquina obtenía el apoyo de parte de la izquierda regional, siendo común leer entrevistas al ex Presidente uruguayo José Mujica analizando el escenario brasileño.

El atentado



El espaldarazo más grande Bolsonaro vino con una puñalada. El 6 de setiembre el candidato del Partido Social Liberal recorría las calles de Juiz de Fora en el Estado de Minas Gerais cuando Adélio Bispo de Olivieira se acercó a él entre la multitud, puñal en mano, para atacarlo. El arma punzo cortante le alcanzó el abdomen, dejándole tres perforaciones en el intestino delgado y una abertura en el intestino grueso, amén de una hemorragia interna grave.

Adélio Bispo, tenía notorios problemas mentales, a sus 40 años era desempleado y de aspecto andrajoso, pero fue su afiliación al Partido Socialismo y Libertad, descubierta días después, lo que volcó a las masas a reforzar su apoyo a Bolsonaro y repudiar a la izquierda brasileña. Durante semanas la propaganda política abrazaba el eslogan "la izquierda no matará la democracia".

Sobre Bispo, Bolsonaro dijo "Estoy vivo de milagro, por que el castigo debe ser menor para él" azuzando la sentencia bíblica del ojo por ojo para su atacante.

Desde entonces Bolsonaro no asiste a debates, ni a mitines, de hecho en una de las últimas manifestaciones masivas en su natal Sao Paulo, Bolsonaro hizo declaraciones vía streaming, su mensaje "Barrer del mapa a los ladrones rojos de Brasil". 

La primera vuelta



Luego del atentado, el camino a la Presidencia se hacia más corto. Antes del atentado Bolsonaro tenía un consolidado 20% de votación, luego de ella llegó al 48% en las encuestas al punto de creer que podría ganar las elecciones fácilmente en primera vuelta previendo que lograría superar el 50% de los votos válidos. No fue así pero consiguió el 46% en las urnas, aventajando a su rival en 17 puntos. En Juiz de Fora, donde atentaron contra su vida, Bolsonaro duplicó a Haddad en votos válidos.

La primera vuelta dejó mucho terreno de estudios a los politólogos brasileños que estudian el comportamiento de los electores. Bolsonaro había arrasado en los Estados de renta media y alta, no así en los Estados donde la pobreza reina. Solo una ciudad pobre, Santarem, "la perla del tapajos", en el Estado de Pará, abrazó las propuestas de Bolsonaro en las urnas.

La ciudad más pobre de Brasil está localizada en la alejada selva del Maranhao, una ciudad cuya tasa de analfabetismo supera el 40 %, esa ciudad es Belagua. Es en esta ciudad donde Fernando Haddad llegó a tener el 90% de los votos mientras que Bolsonaro solo el 8%. No es de extrañar esos números en uno de los feudos más duros del Partido de los Trabajadores, ahí los programas sociales de Lula Da Silva crearon una masa de devotos agradecidos por el asistencialismo, especialmente por "Bolsa Familia", un programa  de transferencia monetaria que otorgaba 50 dólares a quienes ganaran menos de 30 dólares al mes. El gasto público por este programa llegó a los 50 mil millones de dólares, amén de denuncias de corrupción.

Bolsa familia llega a 14 millones de familias en todo Brasil, fue el pionero de los programas sociales del ejecutivo y a él se sumaron programas condicionados de inserción escolar y de apoyo en salud. Fue además el programa que salvó a Lula Da Silva del destierro político allá por el 2006, cuando el escándalo del Mensalao, la gran mesada de corrupción en el parlamento, amenazaba con sacar al Partido de los Trabajadores del poder.


Bolsonaro, acérrimo crítico de los programas asistencialistas (ningún programa social en Brasil ha aumentado el Índice de Desarrollo Humano, ni ha mejorado la sanidad o la educación), es el enemigo en las zonas más deprimidas de Brasil, pero en un país donde la pobreza se ve reducida a favelas sin conciencia de voto y ciudades perdidas en el amazonas, las clases medias son las que determinaron la primera vuelta electoral.

Pero la correlación pobreza - intención de voto no es la única, otros de los escenarios estudiados han sido el de la raza, el género y las minorías. Bolsonaro obtuvo mayoría en ciudades de mayoría blanca, mientras su rival lo hizo en aquellas con población mixta o aborigen.  Nueva Hamburgo, ciudad creada por inmigrantes alemanes le dio el 63% de los votos a Bolsonaro y el 14 % a Haddad y esto suele repetirse en el sudeste y partes del norte brasileño donde la clase media blanca abunda, mientras el nordeste racialmente mixto, geográficamente difícil y económicamente pobre sigue siendo fiel al PT.

Las protestas de la población LGTB y de las feministas brasileñas eran tan contundentes, que bajo el lema "Ele nao" emergió un movimiento de protesta no visto desde las manifestaciones contra Dilma Rousseff en el 2014. Sin embargo, estas manifestaciones se vieron empañadas por la violencia de  grupos desadaptados de estos colectivos en las ciudades brasileñas. Esta fue la mejor propaganda para Bolsonaro, mujeres destruyendo la propiedad pública y privada eran símbolo de lo que él no quería para Brasil, poco a poco las mujeres dejaron el movimiento e incluso la población LGTB dejó de sentirse representada en los anti - Bolsonaro. 

No era necesario que el ex capitán dejara su postura machista, sin embargo lo hizo al cierre de campaña, divulgando un vídeo en sus redes sociales donde aparece al lado de Lili Ferraz, un famoso maquillador gay, quien le brindó su apoyo diciendo que los gays lo adoraban. Un calmado y risueño Bolsonaro habló de un Brasil donde todos son seres humanos, patriotas y donde el Estado no tiene porque interferir en la vida privada de los ciudadanos. Puede ver el vídeo aquí.

El equipo



Bolsonaro ideó una dupla militar para alcanzar la Presidencia. Junto a él está Antonio Hamilton Mourao, General en reserva que es su vicepresidente y a quien no le genera escrúpulos la palabra golpe de Estado. Al igual que Bolsonaro, a quien conoció en la Escuela Militar, considera al torturador Carlos Alberto Brilhante Ustra como un héroe del régimen militar.

Mourao, de ancestros indígenas, siguió la tradición militar familiar pues su padre fue general. No le agrada el sistema democrático pues se ha proclamado defensor de una nueva Constitución aunque esta no sea elaborada por la representación popular. Estas opiniones, algo mas extremas que las del propio Bolsonaro, le ha valido varios llamados de atención públicos del hoy Presidente.

Augusto Heleno, un militar en retiro que será el nuevo Ministro de Defensa de Bolsonaro, se ha desempeñado como agregado militar en Paris y Bruselas y es considerado un hombre culto y de mundo por los brasileños. Oswaldo Ferreira y Alessio Ribeiro Souto, ex militares también estarían ingresando al que sería el gabinete con mayor presencia militar desde la dictadura.


En su militarizado equipo de gobierno destaca un civil, Paulo Nunes Guedes, empresario exitoso, banquero de estirpe colonial, de 69 años, quien se convertirá en el hombre que maneje la economía brasileña como Ministro de Hacienda. La historia de Nunes Guedes está ligada a la economía de libre mercado, no solo por su desarrollo profesional, sino además por la academia. Hizo su maestría y doctorado en la Escuela de Chicago desde donde partió la revolución de Milton Friedman que se traería abajo al keynesianismo dominante. Para afianzar su visión de la economía liberal viajó al Chile de Pinochet en los 80s, en plena efervescencia de las políticas liberales que generarían el milagro económico chileno, ahí fue docente universitario y asesor privado, ahí además se comprometió con el sistema de pensiones que quiere replicar ahora en Brasil con un sistema de jubilaciones aun no capitalizado, ni individualista.

Nunes Guedes va a embarcar al Brasil asistencialista hacia la reducción de impuestos, simplificación fiscal, menor gasto público, privatizaciones, venta de propiedades estatales y austeridad, en sí camino a la minarquía de un país con una administración pública y un gasto social enorme.

A nivel parlamentario, Bolsonaro cuenta con un fuerte respaldo. Este sería el parlamento más conservador de los últimos años. 301 representantes de la derecha brasileña tendrán un asiento en la Cámara Federal de Diputados.

La presidencia



Al cierre de las encuestas de la segunda vuelta, Haddad lograba avanzar un poco pero no tanto como para hacerle notoria sombra. Solo 10 puntos por detrás de un Bolsonaro que llegaba al 57% parecía difícil de superar.

La campaña anti Bolsonaro no hizo efecto y por el contrario a mayor descrédito de sus votantes y mayores ataques al candidato, mayor respaldo emergía. El profesor de filosofía Gustavo Bertoche Guimaraes se hizo famoso en las redes sociales al analizar el por qué iba a ganar Bolsonaro en segunda vuelta. Éste, decía, no era un voto a la derecha, era un voto anti izquierda, anti sistema pues la izquierda había formado un sistema propio que iba a caer por su propio peso. "No, amigos, Brasil no tiene 47% de machistas, homofóbicos y racistas. Hay una ola Bolsonaro, pero podría ser una ola de cualquier otro candidato anti-PT", comentaba Bertoche Guimaraes.

Y Bolsonaro siempre fue el más anti PT de todos los políticos brasileños. 

El 28 de setiembre de 2018, Jair Messias Bolsonaro se convirtió en el 38vo Presidente de la República Federativa de Brasil con más del 55% de los votos. Sus seguidores coparon las grandes ciudades pero él no salió a festejar, envió, como de costumbre, mensajes por sus redes sociales y una transmisión cerrada desde su local de campaña donde luego de agradecer y prometer cambios. rezó junto a un presentador evangélico, culminando su transmisión de la misma forma como empezó su campaña, declamando un versículo de Juan 8:23 "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres".


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