Qué sucede en Kirguiztán?


Foto: Viktor Drachev/AFP/Getty Images

"Antes de que sea demasiado tarde". Así culminaba un reportaje de la BBC sobre Kirguiztán, país que está viviendo en estos momentos el peor enfrentamiento bélico en 20 años y cuya magnitud, a pesar de ser profunda y comparable a las guerras tribales africanas y a la desbalcanización europea, no ha conllevado un mayor esfuerzo de la comunidad internacional por ponerle fin. Será que ¿no importa cuán tarde sea, Kirguistan no logrará superar su estatus de Estado olvidado en el ex caucaso soviético?, zona de masacres étnicas y religiosas atroces, zona acostumbrada a ver pasar tanques hacia otros países y no quedarse a protegerlos cuando necesitan apoyo, zona donde la úlima palabra siempre la tiene un Kremlin tan ajeno a ellos, zona donde las muertes llegan demasiado temprano.

¿Qué es lo que llevó a estos enfrentamientos entre ambas comunidades que comparten no sólo territorio, sino también una cultura en común?.
Las causas aún no se tienen del todo claras, lo cierto es que estos enfrentamientos entre etnias que han coexistido por siglos en relativa paz pone una vez más en el tapete el debate sobre el exacerbado nacionalismo como respuesta a las crisis políticas y económicas, principalmente en un país donde el acceso a la tierra se convierte en motivo de lucha, y que acababa de salir de semanas de inestabilidad política y se aprestaba a la aprobación, vía referendum, de no muy claras reformas constitucionales. Sobre éste último punto el nuevo gobierno ha acusado a la familia del depuesto ex Presidente de estar detrás de los enfrentamientos con el fin de boicotear el referendum.

Kirguiztán, ya era noticia desde abril, cuando protestas ciudadanas en contra del tiranuelo Presidente Kurmanbek Bakiyev obligó a éste a huir del país. El gobierno interino formado por Rosa Otunbaeva, la primera mujer en acceder al cargo en el país y una de las pocas mujeres gobernantes en un Estado islámico, trató de controlar la situación posterior al levantamiento popular. Otunbayeva, sin embargo, no pudo preveer que de la noche a la mañana el sur kirguis estallará con la peor ola de violencia sectaria de los últimos 20 años.

Esta ex república soviética forma parte de aquellos experimentos que la ex URSS había formado en su patio trasero asiático. En aquella vasta zona convivían 3 grupos étnicos importantes: Tayikos, Uzbecos y Kirguises. Esta 3 comunidades tienen mucho en común: profesan la religión islámica sin caer en el fundamentalismo religioso de las cercanas Chechenia, Afganistán e Irán, tienen un origen étnico similiar por ser parte de la rama turca extendida por el centro asiático y han sido abiertos a los matrimonios interétnicos, por lo que es usual encontrar familias con integrantes de diversas etnias.

Tras el colapso de la URSS se crearon las repúblicas del caucaso ruso, las cuales no tuvieron la misma suerte que sus pares en Europa donde las ex Repúblicas soviéticas de báltico abrazaron el progreso capitalista que los llevó a emerger como nunca antes en su historia. Culturalmente estas comunidades eran tan distintas del resto de la ex Unión Soviética que decidieron independizarse a su estilo. Así Kirguiztán se formó como país albergando a un 70% de kuirguizes en su suelo y a un 15% de Uzbecos que comparten el mismo territorio, esto suele ocurrir en otras ex repúblicas caucásicas dónde los porcentajes están disribuidos entre una comunidad étnica mayoritaria que le da el nombre al país y otra minoritaria que vive en las fronteras. Los Uzbecos se encuentran diseminados en las provincias sureñas y desde siempre han llevado una forma de organización social y económica distinta a los dominantes kirguizes. Los uzbecos dominaron el comercio y por ello Osh, ciudad de mayoria uzbeca, es considerada un punto fuerte para la economía del país, mientras los kirguises han sido desde siempre nómades y ganaderos.

La convivencia ha sido tranquila entre ambas comunidades en gran parte por el temor, siendo vigilados primero por el imperialismo ruso y luego por estrafalarios dictadores que emergían estatuas de oro en sus calles. Este año, tras los enfrentamientos que depusieron al presidente Bakiyev, la zona se convirtió en un campo de batalla con explosiones esporádicas, la última ha sido el enfrentamiento, calificado de genocidio por algunos, entre la mayoria kirguis y los uzbecos del sur.

El escenario sureño de los enfrentamiento está centrado en 2 ciudades: Osh y Jalalabad. Osh, la segunda ciudad más importante en el país ha sido la que ha llevado la peor parte. Está ciudad, clave para el tráfico de drogas procedentes de Afganistán, ha amanecido a la nueva semana en medio de locales destruidos, casas incendiadas y pobladores huyendo a la vecina Uzbekistán en lo que se preveé será la mayor movilización de refugiados en los últimos años.

El nuevo gobierno no pudo hacer frente a la ola de violencia y pidió ayuda a Moscú el fin de semana. Occidente no se ha pronunciado severamente sobre el tema, aun cuando Kirguiztán es una zona clave por ser el punto por donde transitan las tropas de la OTAN y donde Estados Unidos tiene instaladas algunas bases militares. La diplomacia mundial centrada en la ONU sólo escatimó recomendaciones. Ban ki-Moon, el Secretario General de la ONU, dio la voz de alarma por la magnitud de los enfrentamientos que hasta el momento de dicho comunicado superaba los 117 muertos, y los 80.000 desplazados, que huyen en muchos casos a la vecina Uzbekistán.

Las nuevas cifras parecen coincidir con las alarmas de que un genocidio se comete en dicha zona ante los ojos del mundo. El gobierno elevó las muertes a 170, los heridos a 1,700 y los desplazados a más de 100.000, pero las organizaciones de ayuda humanitaria presentes en Kirguistan hablan ya de una magnitud mayor, se estimula que hay más de mil muertos, aterradora cifra que ha sido ocultada por el gobierno de Rosa Otunbayeva para no mostrar al mundo el colapso sufrido en su país a menos de 2 meses de asumir el gobierno. Y he aquí que se empieza a hablar de un nuevo término no tomado a consideración en análisis anteriores a la fecha: mientras Rusia y su repúblca caucásica hablan de enfrentamientos étnicos, la mayoría de los uzbecos y agencias internacionales hablan de una "limpieza étnica".

Según el analista Drazen Petrovic la limpieza étnica es "una política bien definida de un grupo particular de personas para eliminar sistemáticamente de un territorio dado a otro grupo de personas por razones de su origen nacional, étnico o religioso. Una política semejante es violenta y con frecuencia se conecta con operaciones militares. Se considera que ha de llevarse a cabo por todos los medios posibles, desde la discriminación hasta el exterminio, e implica violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario".

En este caso cabrían llamarse acciones de limpieza étnica las realizadas durante el nazismo contra los judíos, las masacres de armenios llevadas a cabo por Turquía, el drama de los Bálcanes durante la extinción de Yugoslavia y el genocidio entre hutus y tutsis en Rwanda.

Los observadores internacionales presentes en la zona apoyan la teoría de que lo que se vive en Kirguistán desde que estalló la violencia sectaria es más cercano a una limpieza étnica ante los ojos del propio gobierno que trata de maquillar lo sucedido tildándolo de simples disturbios. Las imágenes del horror dan cuenta de la atroz realidad, en Kirguistán se empiezan a notar las crueles marcas de la limpieza étnica: niños asesinados, mujeres violadas, casas quemadas, hombres ajusticiados con armas blancas, desplazados tratando de huir del terror, masacres colectivas, entre otras calamidades que ponen a dicho país en el sendero de la crueldad antes transitada por Sarajevo y Rwanda.

Según informaciones hasta el momento, la comunidad uzbeca acusa a saqueadores kirguisos de asesinar, sólo en Jalalabad, a 700 de sus miembros. Las imágenes filmadas por los habitantes muestran el entierro en una fosa común de decenas de cuerpos totalmente acribillados o calcinados. La Cruz Roja también denunció que muchos cadáveres fueron enterrados sin identificar. En medio de la atrocidad el gobierno de la vecina Uzbekistán anunció el cierre de su frontera al saturarse sus capacidades de recepción de refugiados y pidió ayuda internacional para las decenas de miles de personas que llegaron desde que comenzó la crisis, el viernes.

A pesar de la magnitud de la tragedia, Kirguistán sigue sumida en el caos y son pocas los reportes que el mundo logra ver de dicha zona. Esta parece ser también uno de los componentes de toda política de limpieza étnica, la tarde reacción de la diplomacia mundial ante lo ocurrido. Si recordamos a Sarajevo, Kósovo y Rwanda es inconcebible que a diferencia de otros genocidios anteriores que no contaban con los medios que ahora se cuentan para denunciarse se hayan llevado a cabo a vista y paciencia del mundo. Esta vez parece ser también demasiado tarde para las miles de víctimas de esta atroz masacre. El camino del odio sectario ha llegado al fértil valle de Fergana.



Video: AFP

Miguel Ángel Kuro.

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